jueves, 15 de febrero de 2018

Mi abuelita Toya, el tejido y yo

Sé muy poco de mi abuela paterna a quién llamamos cariñosamente Toya, la conocí cuando ella tenía 50 años, la percepción que tengo es el de una persona reservada pero de lengua afilada, no muy buena cocinera pero una maestra cosiendo, fiel a mi Tata,  buena voluntad, siempre muy sencilla y con nada de maquillaje, aún así, de joven tenía cierta postura con aire elegante, sus colores favoritos eran el azul oscuro, gris, blanco y negro.

Lo importante es que siempre fue cariñosa conmigo y con mis hermanas. De niñas nos hacía los vestidos y las camisas de dormir; para vacaciones de invierno mis papás nos dejaban con los Tatas en Santiago y la Toyita nos llevaba el desayuno a la cama, yo creo que nos malcriaba con exageración.

Por cosas de la vida, me tocó vivir con ella durante un año en mi época de estudiante, ella vivía sola desde la muertes del Tata, ese también fue un lindo periodo, ella me apoyó mucho ya que fue una época difícil, mis papás estaban separados y yo trabajaba en dos lugares para pagarme diseño gráfico. Pasado el año me fui a vivir con mi pololo de la época y a los meses ella tuvo un accidente bascular, me sentí culpable por no estar ahí con ella cuando cayó en el baño, ya que pasaron varias horas antes que mi papá, por suerte, pasara a verla. De ahí en adelante, a pesar de su buena recuperación, perdió un poco la independencia que mantenía desde la muerte del Tata.

A veces pienso que sus último 17 años fueron un trámite para ella porque yo sé que se sentía sola.

4 años atrás, ella con 83 años de edad y una salud desgastada, principalmente por su diabetes, necesitaba hacer alguna actividad manual que le ayudara con su mente, así que a mi papá se le ocurrió que tejer podía ser bueno para ella y le propuse que hiciéramos unas frazadas en base a cuadrados crocheteados (los famosos grannysquare), en ese momento comenzó un episodio que recuerdo con mucho cariño ya que ella me dijo que nunca aprendió a tejer con crochet, así fue como nos lanzamos!. Iba dos veces por semana a enseñarle y a supervisarla, a pesar de que peleó con el crochet y a ratos quería tirarmelo por la cabeza, logró sacarla de la inercia, tejió dos frazadas antes de aburrirse :D (gran logro), vimos teleseries juntas y compartimos el té, como cuando viví con ella.




Hoy, a 1 año de tu partida, te extraño Toyita.